Aprendizaje y evidencia

Dos que funcionan y las que todo el mundo usa

Subrayar y releer son, con diferencia, lo más practicado por quien estudia. También son de lo menos eficaz que se ha medido. Las dos técnicas con mejor respaldo son gratuitas, incómodas y las usa muy poca gente.

Existe una clasificación, y conviene conocerla

En 2013, un equipo de investigadores en psicología cognitiva revisó las diez técnicas de estudio más habituales y las ordenó por utilidad según la evidencia disponible, atendiendo a en cuántas condiciones y con cuántos tipos de alumnado funcionaban. El resultado sigue siendo la mejor guía práctica que existe sobre el tema, y es bastante contraintuitivo.

Utilidad Técnica
Alta Práctica de recuperación (autoevaluarse) · Práctica distribuida (espaciar)
Media Interrogación elaborativa (preguntarse por qué) · Autoexplicación · Práctica intercalada
Baja Resumir · Subrayar · Releer · Reglas mnemotécnicas por palabra clave · Formar imágenes mentales del texto

Fíjate en la última fila: ahí están las cuatro cosas que hace prácticamente todo el mundo. Que estén en utilidad baja no significa que sean inútiles, sino que su beneficio depende mucho de cómo se apliquen y que hay opciones claramente mejores por el mismo esfuerzo.

Las dos que sí

Práctica de recuperación

Consiste en intentar recordar lo estudiado sin mirar, en lugar de volver a leerlo. El acto de recuperar algo de la memoria es lo que consolida ese recuerdo; releer, no.

Cómo se hace: cierra el material y escribe todo lo que recuerdes del apartado. Luego abre y comprueba qué faltaba. También sirven las preguntas al final del capítulo, las tarjetas de pregunta y respuesta o explicárselo a alguien sin apuntes delante.

El obstáculo: se siente mal. Cuesta, aparecen huecos y da la sensación de estar aprendiendo menos que releyendo, cuando ocurre lo contrario. Esa sensación es el motivo por el que casi nadie la usa.

Práctica distribuida

El mismo tiempo total repartido en sesiones separadas rinde más que concentrado en una. Tres sesiones de cuarenta minutos en tres días distintos superan a dos horas seguidas la víspera.

Cómo se hace: planifica el calendario antes de empezar, no sobre la marcha. Y vuelve sobre lo antiguo aunque parezca ya sabido: el olvido parcial entre sesiones es precisamente lo que hace que recuperar el contenido de nuevo sea tan eficaz.

El obstáculo: exige empezar pronto, y la mayoría de la gente estudia contra el calendario, no con él.

Técnicas de estudio

Por qué falla lo que hace todo el mundo

La ilusión de fluidez

Cuando relees un texto que ya conoces, lo procesas sin esfuerzo. El cerebro interpreta esa facilidad como señal de que lo dominas, y por eso releer resulta tan reconfortante. Pero lo que estás midiendo es lo familiar que te resulta el texto, no lo que serías capaz de recuperar sin él delante.

Subrayar añade otro problema: fragmenta. Marcar frases sueltas centra la atención en cada una por separado y dificulta ver cómo se relacionan entre sí, que es normalmente lo que se pregunta en un examen. Si subrayas, hazlo en una segunda lectura y marcando poco.

¿Y los métodos con siglas, tipo EPLER?

EPLER es la adaptación española del SQ3R, un método que Francis Robinson propuso en 1946 para estudiantes universitarios y del que derivan casi todos los demás acrónimos que circulan. Sus cinco pasos son explorar, preguntar, leer, exponer y revisar.

La evaluación honesta es esta: como método completo, la evidencia que lo respalda es escasa y no supera con claridad a técnicas más simples. Lo interesante es que dos de sus cinco pasos son justo las técnicas de utilidad alta. Preguntarse antes de leer se parece a la interrogación elaborativa; exponer y revisar son práctica de recuperación y espaciado.

Así que el método no sobra, pero lo que lo hace funcionar son dos de sus pasos, no la secuencia completa. Si tienes poco tiempo, quédate con la parte de preguntar y la de exponer sin mirar, y no te obsesiones con completar el acrónimo.

Un mito que conviene retirar del listado clásico

«No estudies después de comer porque la sangre se va al estómago y le llega menos glucosa al cerebro».

Aparece en casi todas las guías de técnicas de estudio y no se sostiene fisiológicamente. El flujo sanguíneo cerebral está finamente autorregulado y se mantiene estable: el cuerpo no le quita riego al cerebro para digerir. Y la glucosa disponible después de comer es mayor, no menor.

La somnolencia posterior a la comida existe, eso sí, pero responde a otras causas: el propio ritmo circadiano, que produce una bajada de alerta a primera hora de la tarde tanto si has comido como si no, y el tamaño y la composición del plato.

La recomendación práctica sigue siendo válida, pero por el motivo correcto: comida ligera si vas a estudiar después, y reservar ese hueco para las tareas menos exigentes.

El puesto de estudio, para cursos en línea

Aquí sí valen las recomendaciones clásicas, con algún ajuste.

01

La pantalla, algo por debajo de los ojos. El borde superior a la altura de la mirada o ligeramente más abajo, para que el cuello quede neutro y la mirada caiga un poco. Si trabajas con portátil, elevarlo y usar teclado aparte cambia mucho la postura.

02

Descansos cortos y frecuentes. Cada cuarenta o cincuenta minutos, levantarse y moverse. Para la vista, la regla de mirar cada veinte minutos algo situado a unos seis metros durante veinte segundos: la fatiga visual viene de mantener el enfoque cerca, no del brillo de la pantalla.

03

El móvil fuera de la mesa, no boca abajo. Tenerlo a la vista consume atención aunque no lo mires. Sacarlo de la habitación es lo único que funciona de forma fiable.

04

Tu mejor hora es la tuya. Existen diferencias reales de cronotipo, así que lo de rendir más por la mañana es cierto para muchos y falso para bastantes. Prueba a colocar la tarea más exigente en momentos distintos durante una semana y quédate con lo que veas, no con lo que digan las guías.

Estudiar solo o acompañado

La recomendación de estudiar en grupo se da como si fuera siempre positiva y no lo es. Funciona muy bien para una cosa concreta: explicarse el contenido unos a otros sin apuntes delante, que es práctica de recuperación disfrazada de conversación.

Funciona mal para leer o memorizar en compañía, donde el grupo suele generar la ilusión de haber avanzado más de lo real. La combinación razonable es preparar en solitario y usar el grupo para ponerse a prueba.

Formación en línea que aplica esto

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Fuente principal

Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., y Willingham, D. T. (2013). Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques: Promising Directions From Cognitive and Educational Psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4-58.

La clasificación por utilidad procede de esa revisión. El resto de afirmaciones se apoya en literatura de psicología cognitiva y de fisiología, y señalamos en el texto cuándo un efecto depende del contexto. Este artículo es divulgativo y no sustituye la orientación de un profesional ante una dificultad concreta de aprendizaje.

Recomendamos revisar: Cuidado de las condiciones de estudio